Protestando por el derecho a elegir

El mal del ciber activismo

 

Cuando era joven realicé mi primer marcha por los derechos constitucionales de las mujeres por elegir abortar. Quiero que quede claro que de ningún modo apoyo el asesinato de infantes no natos ni un deseo para estandarizar esto como un método de control poblacional.

En ese momento nuestra lucha era por conseguir que el aborto fuera legal, con el objetivo de que el gobierno proveyera de forma gratuita el servicio y el apoyo moral/económico a las probables madres. Muchas personas nos acusaron de inmorales clamando que si hacíamos del aborto un servicio accesible, cada vez más mujeres lo harían, hasta que se convertiría en un método anticonceptivo común.

Por otro lado, nuestra posición era muy clara y distinta: una mujer que no quisiera abortar, no lo haría, mientras que una que en verdad quería hacerlo, se sometería a una práctica probablemente en un lugar poco salubre y un riesgo a la madre mucho muy elevado. Eso es algo que mucha gente no podía comprender, pero aún así nosotros marchamos, caminamos adelante pese a las quejas, pese a los gritos, pese a los insultos, nosotros avanzamos porque teníamos una causa que defender.

Esa era la época en la que las personas tomaban acción, me refiero a verdadera acción, no lo que se hace hoy en día. Hoy la gente se limita a dar clic en el botón de “me gusta” a una publicación de perros callejeros que hizo alguien en su tiempo libre, sin seguir una agenda y sólo intentando de saciar el morbo del público general.

Compartir un estado de Facebook o hacer un retweet no es sinónimo de activismo social, no ayuda a nadie y no puede ser convertido en apoyo real.

Hace algunos años esto comenzó casi sin que nadie se diera cuenta, con mensajes como “si este mensaje junta 80,000 likes, la UNICEF ayudará a los niños en África”; ¡como si la UNICEF estuviera esperando los likes de las personas para hacer su trabajo!

Antes las personas salíamos a las calles a protestar, a hacer marchas, mítines, movimientos de verdad. La era digital no ha traído más que personas que piensan que con compartir un anuncio de Facebook o Twitter es suficiente para apoyar una causa.

Solía quejarme de los eventos sociales, aquellos donde propietarios de fortunas suficientes para cambiar el mundo de forma positiva se reúnen a jactarse que están apoyando a una causa con una cena, pero con esta nueva ola de “activistas” de perfiles sociales (y lo pongo entre comillas porque todavía no entiendo qué tiene eso de activismo) ya hasta los eventos que organizan personas como Carlos Slim, Emilio Azcárraga en el Teletón o Jorge Rodrigo Alberto Rangel de Alba Brunel con su Model Look se vuelven eventos mucho más humanitarios, pues reúnen fondos y sirven para una causa social.

Por favor, no seas un ciber “activista”, no pienses que con un like o un retweet estás ayudando una causa. Lo único que estas redes sociales logran es aumentar la violencia que miramos cada día en las redes sociales pues muestran imágenes de mujeres maltratadas, personas lesionadas o animales desprotegidos.

¿Cómo apoyar?

Apoya con acciones como salir a marchar por los derechos de los homosexuales, apoya con tu dinero para que la cruz roja pueda seguir ayudando a los lesionados o comparte alimentos enlatados, botellas de agua y cobijas en la siguiente campaña de recolección de víveres para los desprotegidos o damnificados.

Todos necesitamos ayuda y nada es más apoyo que tu actividad, por muy pequeña que sea.

Érase una vez un protestante en bermudas

Yo he sido un activista toda mi vida y el punto más interesante de esto es que lo he hecho en mis bermudas, así que decidí llamar a este blog con el nombre de la actividad que más me divierte, que es luchar por los derechos humanos usando mi par de shorts favoritos.

¿Por qué bermudas?

Mi familia es de orígenes muy humildes y vivimos toda la vida sumidos en una gran pobreza. Recuerdo que cuando era niño, la única ropa que conseguíamos, era ropa de segunda mano y siempre disfrutaba cortarle las piernas a los pantalones porque el agua que se colaba por debajo de la puerta solía ensuciar y mojarlos para todo el día.

Recuerdo pensar que una vida así no era la vida que quería, por lo que comencé a luchar por los derechos de los que menos tenían y hablar por las personas que no tenían voz.

Así fue como nació mi pasión por las causas sociales que espero ustedes compartan y apoyen las suyas propias. Levánten su voz y no dejen que nadie los haga menos.

Bermudas de justicia

Espero disfrutes de este recorrido y compartas conmigo tus experiencias en el campo de acción de los derechos humanos.